lunes, 23 de marzo de 2009


Mendiga

I

Y me comí las últimas tres migajas que rodaron bajo la mesa de la cocina,
no estaban deliciosas, no estaban sublimes, pero a mi me bastó con ellas.
Y aunque me prometí a mi mismo no volver a comer migajas duras,
tuve que bajar la mirada y aguantar la lluvia de pan seco en mi cabeza.

II

Me recosté sobre el pasto con violencia.
-“y no quiero que me molestes”-
Le advertí a mi conciencia.

III

El diablo se acercó en silencio, tomó asiento luego de un breve momento,
pero enojada refunfuñe y no quise su compañía, así el se perdió en las vías.
Cuando ya asomaba el crepúsculo, un ángel se molestó en acariciarme el pelo,
-¡no me toques!- le grité prepotente, pero el ya se había ido; era muy impaciente.

IV

Muchos años han pasado, ha sido largo el letargo

Son cuatro cosas he aprendido y adquirido,
Olas verdes saborean en las mentes de los cultos,
Leones fieros son aquellos puros e independientes
Almas blancas y negras pueden coexistir estableciendo equilibrio.
ME CUIDARÉ aunque mi cuerpo sea solo un instrumento

Del que extraeré néctar hasta el último momento.

1 comentario:

  1. Hoy he vivido la experiencia de conocer a quien verdaderamente come migajas duras de pan para no morir de hambre... y al leer lo que has escrito sin duda la conciencia me dicho mil palabras, mil pensamientos, mil deseos de que todo fuera distinto

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